La extinción de la megafauna marina amenazada llevaría a una enorme pérdida de diversidad funcional

En un documento publicado en Science Advances, un equipo internacional de investigadores ha examinado los rasgos de las especies de megafauna marina para comprender mejor las posibles consecuencias ecológicas de su extinción en diferentes escenarios futuros.

Definidos como los animales más grandes de los océanos, con una masa corporal que supera los 45 kg, entre los ejemplos se incluyen los tiburones, las ballenas, las focas y las tortugas marinas.

Estas especies cumplen funciones clave en los ecosistemas, entre ellas el consumo de grandes cantidades de biomasa, el transporte de nutrientes a través de los hábitats, la conexión de los ecosistemas oceánicos y la modificación física de los hábitats.

Rasgos como su tamaño, lo que comen y la distancia que recorren determinan las funciones ecológicas de las especies. Por consiguiente, la medición de la diversidad de rasgos permite a los científicos cuantificar las contribuciones de la megafauna marina a los ecosistemas y evaluar las posibles consecuencias de su extinción.

El equipo de investigadores, dirigido por la Dra. Catalina Pimiento, de la Universidad de Swansea, compiló primero un conjunto de datos de rasgos a nivel de especie para toda la megafauna marina conocida, con el fin de comprender el alcance de las funciones ecológicas que realizan en los sistemas marinos.

Luego, después de simular futuros escenarios de extinción y cuantificar el impacto potencial de la pérdida de especies en la diversidad funcional, introdujeron un nuevo índice (FUSE) para informar las prioridades de conservación.

Los resultados mostraron una diversa gama de rasgos funcionales que posee la megafauna marina, así como la forma en que la actual crisis de extinción podría afectar a su diversidad funcional.

Si se mantienen las trayectorias actuales, en los próximos 100 años podríamos perder, en promedio, el 18% de las especies de megafauna marina, lo que se traducirá en la pérdida del 11% de la extensión de las funciones ecológicas. Sin embargo, si todas las especies actualmente amenazadas se extinguieran, podríamos perder el 40% de las especies y el 48% de la extensión de las funciones ecológicas.

Se prevé que los tiburones serán los más afectados, con pérdidas de riqueza funcional muy superiores a las esperadas en caso de extinciones aleatorias.

La Dra. Catalina Pimiento, que dirigió la investigación de la Universidad de Swansea, dijo:

«Nuestro trabajo anterior demostró que la megafauna marina había sufrido un período de extinción inusualmente intenso, ya que el nivel del mar osciló hace varios millones de años. Nuestro nuevo trabajo muestra que, hoy en día, sus singulares y variados papeles ecológicos se enfrentan a una amenaza aún mayor por las presiones humanas».

Dada la crisis de extinción mundial, una pregunta crucial es hasta qué punto la naturaleza tiene un sistema de respaldo. En caso de extinción, ¿habrá especies restantes que puedan desempeñar un papel ecológico similar?

El Dr. John Griffin, coautor del estudio de la Universidad de Swansea, añade:

«Nuestros resultados muestran que, entre los animales más grandes de los océanos, esta llamada «redundancia» es muy limitada… incluso cuando se agrupan desde los mamíferos hasta los moluscos. Si perdemos especies, perdemos funciones ecológicas únicas. Esta es una advertencia de que necesitamos actuar ahora para reducir las crecientes presiones humanas sobre la megafauna marina, incluyendo el cambio climático, mientras se fomenta la recuperación de la población».

La nueva métrica de conservación introducida, FUSE (Functionally Unique, Specialised and Endangered) identifica las especies amenazadas de especial importancia para la diversidad funcional. Las especies FUSE con mayor puntuación incluyen la tortuga marina verde, el dugongo y la nutria marina. Un enfoque renovado en estas y otras especies FUSE de alto puntaje, ayudará a asegurar el mantenimiento de las funciones ecológicas proporcionadas por la megafauna marina.